En Santa Ana se come como siempre se comió en una estancia. Es posible ordenar menús especiales para vegetarianos o dietas especiales, pero aquí las especialidades tienen que ver con la carne. El asado criollo con excelentes cortes vacunos, el lechón o el cordero al asador, son propuestas que nunca han de faltar.
Y por si fuera poco, la tradición. En Santa Ana se comparte con los huéspedes una costumbre heredada de la familia: tomar el copetín a la nochecita con productos de la carneada. Entonces viene una apetecible tabla con queso, pan, salames o chorizos secos, jamón crudo o bondiola acompañado por una medida de whisky, vino o cerveza.
Además está la granja donde hay los pollos y gallinas que son las del campo con sus huevos. Los corderos, cerdos y terneras son las que se han criado en el lugar. Esto asegura una cocina estanciera al ciento por ciento, con un marcado estilo argentino.
En Santa Ana se come bien, y comer bien en una estancia argentina es comer bien y mucho.
Aquí las jornadas comienzan con desayunos suculentos y terminan con agradables sobremesas de cena con un té y agradable charla. En el medio han pasado excelentes almuerzos, meriendas y copetines que hablan a las claras del espíritu generoso con que Santa Ana recibe al visitante.